15.12.06

El Art Decó o la elegancia de las líneas - Tamara de Lempicka



Autorretrato, 1929



Retrato del Marqués d´Afflito, 1925


 
La Música, 1929

Tamara de Lempicka - Maria Górska – (1898 – 1980) es una presencia clave en el desarrollo del estilo pictórico del Art Decó. Su vida, marcada por el devenir de la política europea desde la Revolución Bolchevique en adelante, está signada por la pertenencia al mundo de una aristocracia decadente, y al mismo tiempo por la ruptura con las formas y normas que reglaban el comportamiento femenino de ese momento. El cuerpo mismo de la autora construye una relación somática con su obra, y viceversa, en un ambiente de frialdad perturbadora, de rostros siniestros y desafectados, distantes, perversos.
Los motivos de sus cuadros varían entre el retorno a cierto pathos renacentista y el retrato ultramoderno, un uso de los colores y las luces en movimiento, de la elegancia rectilínea, por momentos oníricos…o pesadillescos. Los colores primarios resaltan en el plano, rodeados a menudos de grises y negros; las figuras son rescatadas y embellecidas, aún cuando se nos revelan como repugnantes en los cuerpos de una elite despreciable y acabada.
Lempicka es la contradicción, con su bisexualidad, su título de condesa, su abandono de lo europeo por lo norteamericano, su angustia entre ser artista y dama de la alta sociedad y al mismo tiempo madre abandónica de su única hija Kizette, a quien amaba profundamente. Renuncia al arte a principios de la década del ´60, cuando sus trabajos no son bien recibidos, y resurge a partir de los ´70, para morir poco después, en 1980, cuando comenzaba a transformarse en objeto de culto.
Peor que ser mujer, es no serlo. Y el no serlo, no remite solo a una cuestión de género, a una probabilidad del invariante biológico, sino a constituirse como tal en un momento dado, en un tiempo y sus reglas, sus límites y sus posibilidades. Lempicka descubrió que, a menudo, la máscara es la cosa, y no hay más que superficie. Su cubismo soft, como ha sido denominado – no sin cierto desprecio - su estilo, evoluciona más allá del mero ejercicio aristocrático destinado a agradar a los iguales, y nos revela a una mujer desgarrada viviendo en un tiempo y en un mundo igualmente desgarrados. En su caso, el éxodo no implica el abandono de la elegancia, aunque tal vez sí el abandono de muchas otras cosas. “El estilo es el hombre”, decía Thomas de Quincey. O, en este caso, la mujer.


Más obras de Tamara de Lempicka, acá



4 Comments:

Blogger Lorena Betta said...

Buenísmo. No sabía nada del Art Decó

18.12.06  
Blogger Moebius said...

Me alegro mucho que te haya gustado. Seguiré con otros autores más adelante. Saludos.

18.12.06  
Blogger nohayverguenza said...

La de Tamara es la estética con la que se dibuja en mi mente la estampa de la muerte de Isadora Duncan, ahorcada por la conjugación de una bufanda y la rueda de un auto, mientras manejaba...

18.12.06  
Blogger Moebius said...

¡Muy cierto! ¿Y qué pasa con Ud. que no actualiza el blog?

18.12.06  

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